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Hacia una política liminal.

De acuerdo Thomassen (2009), la noción de liminalidad fue acuñada en la antropología por el etnógrafo francés Arnold Van Gennep (en 1909), y luego difundida y reelabodara por Victor Turner a mediados de siglo. Si bien el concepto tiene un raigambre descriptiva importante en torno a la situación de contingencia, confusión, difusión e irreducción que acompaña las fases de tránsito ritual entre un rol y otro, consideramos que el concepto, aplicado al estudio de las formaciones políticas, puede proveer de diversas orientaciones, específicamente en lo relativo al ámbito de formaciones de índole biosocial.

Liminalidad refiere a un tránsito ritual; remite al espacio o tiempo que acontece entre la fase pre-ritual y la actualización del rito de pasaje, que desemboca en algo novedoso, distinto, inexistente. Un rito de pasaje se expresa, según Van Gannep, en una triada compuesta de (a) la separación de un contexto o identidad; (b) la fase liminal, en que una figura pasar por un umbral de incertidumbre o transformación; y (c) la incorporación, en que el elemento participante se integra y sitúa en un nuevo contexto o identidad. La liminalidad remite a un tránsito de innovación, a un devenir o, si se permite, a un espacio de virtualidad, en términos de Deleuze. Liminalidad es emergencia e hibridez, la concatenación de elementos diversos que desdibujan mutuamente. De hecho, tales cualidades han implicado que su uso se extienda hacia investigaciones de carácter diverso, pasando por la hibridación y problematización de diversas contingencias actuales (ver, por ejemplo).

La noción de liminalidad envuelve tres cualidades que llaman nuestra atención en torno a la realización de la indagación sobre las cualidades políticas de colectivos de índole biosocial. La primera de ellas remite a su cualidad transitoria. Un espacio o tiempo liminal no busca perpetuarse a sí mismo, sino servir para la creación de algo nuevo. La segunda, refiere a la composición múltiple de elementos que la permiten: en ella un actor o un objeto puede adquirir cualidades o acciones novedosas, no contempladas en su uso o sentido tradicional. La tercera: la liminalidad compone una nueva identidad social e individual. De hecho, para Turner, la liminalidad refiere a la situación transitoria entre un individuo y la communitas. Refiere a algo distinto y lo mismo a su vez.

En el ámbito de la biosocialidad apreciamos ciertas formaciones sociales y materiales que se asemejan a las cualidades descritas por Van Gennep en 1909. Una formación biosocial refiere, ante todo, a una composición transitoria. Sus procesos políticos son híbridos (expertos, comunes, estratégicos y tácticos), no obstante, persiguen su propia mutación: la institución de algo novedoso. Una política liminal refiere a la formación de una asociación entre entidades heterogéneas que practica su propia transformación constante, y la de los otros.

La política biosocial es comprendida, así, como una de hibridación y transformación continua, creadora de algo novedoso; composición heterogénea que se orienta a producir y estabilizar entidades diversas (objetuales, normativas, epistémicas) en lo social, biológico y político. Su experticia tampoco es definida, en tanto puede transformarse a sí misma.

 


Thomassen, B. (2009). The uses and meanings of liminality. International Political Anthropology, 2(1), 5–27.

Imagen extraída del proyecto European Prospects: http://europeanprospects.org/kajsa-gullberg/liminality